Historias sinfín (Casablanca)

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febrero 13, 2007 por Diego Gueler

Como un faro
Desperté a Abdullah de su siesta, o al menos eso me hizo saber su rostro perezoso. Él es el guardia del faro de la costa de Casablanca; dos millones y medio de engranajes que hacen de ésta el motor económico de Marruecos. Le pregunto si es posible subir al faro para obtener una panorámica provilegiada de la metrópolis. “Pas problem“. Con la misma llave que se utiliza desde 1914, Abdullah accede al petitorio y me abre el portón. Una rareza, un ejemplo, a sacarse el sombrero: no me pide un sólo dirham, la moneda de uso corriente marroquí, a cambio.

Los cincuenta y cuatro metros edificados justo antes de la perestroika del Imperio Otomano se sustentan en unas paredes de más de un metro de espesor. Habrá que imaginar cuánto dolor de espalda e insomnio fue necesario entonces para levantarla. Le pregunto a Abdullah, siempre en francés, la lengua cooficial del árabe en Marruecos, sobre el barrio semicerrado al cual no se me permitió la entrada. Me dice que es el quartier donde viven los empleados de la policía de la ciudad. Me prohibe fotografiarlo desde la alturas. Es evidente, a juzgar por su apariencia, que estos funcionarios públicos no gozan de un buen sueldo y unas condiciones de vida dignas. Al Estado tampoco le importa que la gente lo ande comentando como si nada en un reinado como éste. Vale aclararlo: Marruecos tiene el status de monarquía parlamentaria que pretende democratizarse, aunque si alguien se mete con el Rey Mohammed VI, aunque sea en un bar de perdidos, marcha preso.

La colosal mezquita de Hasán II se ve en miniatura. La mole que alberga 80.000 musulmanes costó unos 500 millones de dólares y para su construcción el difunto padre del actual monarca contrató a los mejores diseñadores, interioristas y arquitectos del mundo árabe. Habrá que imaginarse, nuevamente, cuántas bajas laborales y accidentes permanentes habrá significado. Todo es muy bonito para la fotito. Pero, a veces, uno debe preguntarse cómo se levantó tal o cual monumento. Es cruel. !Las pirámides de Egipto no fueron puestas con el dedo por los marcianos de la noche a la mañana; fueron hechas a base de latigazo y sangre judía!

Abdullah aún se pregunta, después de veinte años como gardien (en francés también significa “arquero” o “portero”), cómo pudieron subir por las escaleras las inmensas máquinas que hacían girar -ahora lo hace un robot autómata diminuto- el faro. Cest impossible! Tampoco se explica cómo, durante cincuenta años, el único teléfono del faro estuvo a media altura del faro, en lugar de la parte superior o en tierra. Antes se motivaba el ejercicio. Ahora con un click hasta uno puede comprar una motocicleta de Tanganika.

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