Sea usted bienvenido a África

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marzo 9, 2007 por Diego Gueler

Caos en el tráfico, Renault 12 destartalados, limosneros en exceso, calor intensísimo… Bienvenido sea usted a África, señor.

Mauritania es una de las puertas a la África negra, “África”, según los marroquíes y argelinos, ya que ellos no se consideran miembros del mismo continente que los negritos. Incluso entre los pobres hay castas. Entre Dahla, la última población del Sáhara Occidental, y Noaudibou, el fronterizo puerto del norte de Mauritania, la diferencia entre las estéticas y las atmósferas humanas es tan grande como una explanada en la caben cinco o seis canchas del FC Barcelona (que ya es inmenso).

Consulté a un decena de mauritanos a qué hora debía dirigirme a la estación del tren NoaudibouZouerat (minas de hierro en el desierto) que partía a las 15 hs. Unos me dijeron que con treinta minutos era suficiente para tomar un lugar. Otros me sugirieron que fuera una hora antes. El periplo consiste en subirse a un vagón que transporta cabras y legumbres, compartir catorce o quinces tés con algún mauritano bienintencionado y bajarse equis horas después en un pueblo llamado Choum, a 600 kilómetros de la costa (para darse una idea del calor que puede llegar a hacer en ese lugar). Unos me dijeron que con treinta minutos era suficiente para tomar un lugar. Otros me sugirieron que fuera una hora antes. Lo de equis es el primer dato de interés: no se sabe a qué hora se llega. A medianoche, a las seis de la mañana o las ocho. Bien. Lo peor, es que tampoco se sabe el horario de salida. Llegué a la estación, siguiendo los sabios consejos, una hora antes, a las 14 hs.

Cuando alcanzo la estación -una pared y una ventanilla que no abre desde 1974- un hombre que estaba fumando de cuclillas me informa: “el tren ya ha pasado hace una hora y media. El próximo pasa a las 15 horas en tres días. Pero venga usted a la estación como ahora, una hora antes. Seguro que lo tomará”.

El tren, en realidad, sale cuando a su conductor de le antoja.

Los aviones pueden partir tres horas antes de la salida prevista o sufrir una demora de veinte horas. De acuerdo algunas compañías, algunos clientes compran el pasaje del día 24, pero se estarán subiendo al avión del 23.

Así funciona África. Es una pérdida absoluta de tiempo realizar un plan previo, un itinerario. Aquí todo está sujeto a una lógica que, lógicamente, no es la nuestra. No se trata ni de minutos ni horas; mañanas, tardes, días o semanas. La concepción de aprovechar el día -mentalidad económica que aboga por la productividad- es absolutamente obsoleta.

El dinero reina. Consulado de Malí en Nouakchott, sensación térmica 43 centígrados. El funcionario me pide primero los veinte euros que cuesta el visado. Se los guarda en el bolsillo derecho de su pantalón. Luego abre su cajón para darme el formulario de la solicitud del visado.

Relájese y tenga paciencia. Bienvenido a África.

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