Los hermanos sean unidos

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abril 12, 2008 por Diego Gueler

Se besaban como dos chicos de 15 años. Se abrazaban. Se miraban a los ojos durante largos minutos. Se volvían a besar. Se volvían a abrazar. Los que rodeábamos a esta pareja idílica en esa fiesta éramos pura envidia: estaban acariciando el amor íntimamente. Qué lindas imágenes, qué linda postal: él rubio -lindo-, ella rubia -linda-. Los dos, pegajosos, inseparables. Pocas veces visto; una energía muy particular los unía.

La hermana-novia superaba los 30 y el hermano-novio tenía algunos años menos que ella.

Era octubre del año pasado, o noviembre. En medio del baño de música, uno de los mejores amigos de esa pareja ejemplar, con el que había intercambiado un par de frases, se me acerca, entre comentario y comentario.

Che, te voy a contar algo… Te vas a caer de culo -me dijo-. Esa pareja tan linda que ves…. Son hermanos.
Nooooo, fue mi respuesta natural. Me agache, me tome los ojos con las manos y pensé en ellos, en esa belleza amorosa y el desafío a las normas de la vida.
Mirá que los viejos ni nadie lo sabe. Sólo nosotros, me advirtió su amigo.

Guau.

La curiosidad mató a mi gato. Le pregunte hacía cuánto que estaban juntos y me contó que vienen a los besos desde hace unos años, pero hace recién uno que son pareja “clandestina”. Los padres ni sospechan siquiera, me aclaro, pero que ellos hacen todo lo posible para evitar conjeturas inconvenientes. ¿Y tienen sexo?, proseguí con el cuestionario. “Por supuesto… en todos lados. Se aman”, me respondió.

Vaya si se amaban. Minutos después, el amigo le hace el gesto al hermano-novio que yo sé el gran secreto. Entonces, el hermano-novio me hace la seña del silencio, que el asunto es jodido. Ya me imagino. ¡Dos hermanos que se desviven uno por el otro, cojiendo en el baño de mamá y papá! Con la hermana-novia, en cambio, ni palabra. Ella no sabe que yo sé. La cosa era delicada.

Qué duro debe ser para ellos esconder una realidad no aceptada por la familia y los cánones de vida estándar actual. Según me susurraban, si los padres se enterasen… se morirían de un infarto. En el mejor de los casos, fractura familiar y separación kilométrica de los hermanos. Uno a Japón y el otro a la Patagonia.

Yo fui sincero y les di mi apoyo: les dije que si la vida le había puesto esa persona en frente, es por algo, algún sentido tiene. Fue un alivio para ellos entre tanta censura y autocensura.

¿Es que si te ves muy atraído por un ser, porqué no ir a hacia él? ¿No es de lo de lo más natural? No obstante, le de un consejo: la situación debían “blanquearla” tarde o temprano o terminar con el noviazgo. Porque, ¿cuánto podrían mantener ese romance feroz en el ropero?

Hace dos meses los volví a ver. Seguían matándose a besos. Y seguía ocultos.

Le avisé al amigo que yo era periodista y que, si algún día se confesaba ese amor a su familia y conocidos, que me avisasen, que es una historia que ilustraría cualquier tapa de una revista o dominical de diario de gran tirada argentino. Me los imagino a los dos de blanco, mirándose, como en la fiesta, con un pastizal y flores como paisaje de fondo. El Edén mismo.

Sin embargo, el interlocutor dinamita mis esperanzas. El secreto es más fuerte.

Consulté esta ¿anomalía? amorosa a un puñado de psicólogos o estudiantes avanzados de psicología. Todos coinciden: el amor entre hermanos es patológico. ¿Me están diciendo que estos dos enamorados son enfermos? No lo parecen. Lo que sí, es que, a veces, la vida supera la capacidad de análisis de las mismas ciencias. Casualmente, unas semanas después leo que unos hermanos ingleses, quienes desconocían su parentesco sanguíneo, se ligaron y casaron. “Una sinergia especial los atraía”, explicaba el artículo. Ok. Sus hijos corren grave riesgo de malformación al nacer. ¿Y el día a día, la energía que los atrae, no está permitida?

Me acuerdo, también, de hermanos que se acariciaban demasiado cuanto promediaban los 20 o de amigos que me confesaron haberse encamado con su prima hermana (y otros tantos que quieren imitarlos). No es lo mismo un primo que un hermano, claro, ¿pero es el mismo instinto incestuoso?

Me rindo. Mientras, el hermano-novio y la hermana-novia se siguen mirando, besando y abrazando. Que Dios los bendiga.

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