El calvario del chofer

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mayo 6, 2008 por Diego Gueler

La semana pasada, una nena de 6 años sufrió una fractura de cráneo y debió ser internada de urgencia por un piedrazo que recibió cuando viajaba con su madre en bus desde Buenos Aires a La Plata por la autopista. El incidente ocurrió a la altura de Dock Sud, frente a una villa. La piedra, como otras tantas anteriores que cayeron en ese tramo de la autopista, tenía como objetivo que el chofer detuviera el bus para que luego los viajeros fuesen asaltados por quien la tiró y otros compinches. Cruzan un alambrado, corren al bondi y suben por el golpe.

Yo tomo ese micro, en esa dirección, una vez al mes, más o menos, para ir visitar a un gran amigo que vive en la entrada de La Plata. La última vez, casualmente, me senté en los primeros asientos y mantuve una larga conversación con el chofer. Hablamos sobre la inseguridad en la provincia de Buenos Aires y los asaltos a la empresa Costera Metropolitana. Él me cuenta que les roban tanto arriba del micro (el ladrón camuflado de viajero, o en plural) y en el camino, en la cola del peaje de Dock Sud (rara vez) o por detenerse por un pedrada. “La empresa decidió que no cobremos más pasajes a bordo, así, aunque sea, no nos asaltan más acá arriba”, señala el conductor. Pero los piedrazos no cesan.

Y ahí no termina la violencia para el conductor. Ahora resulta que como no venden pasajes durante el trayecto, algunos clientes no enterados de ello se quejan cuando deben bajarse a mitad de camino. Algunos reaccionan de forma amistosa, otros no. En un caso que presencié en vivo y en directo, una pareja subió en Correo Central (Corrientes y Alem) sin boleto. El chofer los invitó a bajarse y a que compraran el ticket en el kiosco, a pocos metros de la parada. “Decisión de la empresa”, argumentó. El macho insultó y cuando un pasajero le insistió que se bajaran, porque se estaban demorando, el macho respondió como respondería un importante porcentaje de los argentinos: le tiró una trompada en la cara. Otro pasajero intervino, los separó y logró convencer a la pareja para que por fin se bajaran. En la mochila de ella había pegada una calcomanía de la Juventud Peronista.

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