Fotos y grafías de la semana

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octubre 9, 2008 por Diego Gueler

Télam

Un fotoperiodista de la agencia oficial disparó ante un despacho de senadores oficialistas. Se jugó el trabajo. La Cámara alta del Parlamento estaba a punto de aprobar la ley de movilidad jubilatoria. La imagen del senador y su acompañante apenas ocupan el 20% del cuadro, pero el riesgo del flash parace haber valido la pena. Y se agradece, porque los retratados no sabían que eran retratados y, por tanto, no fue necesaria la pose de simulación y el cassette que suelen poner en ‘play’ los protagonistas ante las cámaras. Es una imagen al natural, algo que poco se ve entre tantos cables y farsa. El Marlboro box y ése tubito que no sabemos qué es y para qué cuernos sirve sobre la mesa, entre el hombre de frente y la mujer de espaldas, nos muestran una realidad de la política mucho más cercana respecto al discurso que ése senador dio luego desde su butaca en el Congreso. ¿Habrá protestado el fotografiado a la agencia periodística por una posible violación a la intimidad? ¿El jefe de la sección lo habrá felicitado o tirado de la oreja al reportero? Pero vayamos por el principio: ¿algún diario la habrá publicado?

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DyN

Suponemos que el agente de la Policía Federal está hablando con algún miembro de la fuerza por los cinco cuerpos que acababan de hallar en la villa 21. Suponemos también, como manda el mal pensar en este país, que mientras los micro organismos comenzaban a devorarse el cadáver de ese muchacho asesinado por venganza narco o pasional, el uniformado podría estar indicándole a su querida mujer qué es lo que le gustaría comer al regreso de su trabajo; puré de calabazas con milanesa vegetariana. Un terreno baldío, un cuerpo tirado, las cámaras. Al día siguiente, un terreno baldío, un cuerpo tirado, las cámaras. Y así uno y otro día. “A partir de ahora, yo soy un número más, una fría cifra más de la inseguridad en el Conurbano. Y punto.”, dijo el periodista Enrique Llamas de Madariaga a una radio que lo había llamado horas después que los asaltaran y golpearan unos “malvivientes” (¡pero si viven como quieren!) en su casa de Olivos. Cuando la víctima ocasional cortó el teléfono, el conductor del programa radial se puso a cantar baladas de Julio Iglesias junto a sus compañeros de mesa. Así es: la frivolidad y la naturalidad de la delincuencia en la Argentina no se acaban hasta que le pegan el tiro a uno.

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