Crónica de una muerte anunciada: la del periodismo

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abril 17, 2014 por Diego Gueler

ImagenPor Diego Gueler

Hoy murió Gabriel García Márquez, pero el periodismo serio y de calidad que él enseñó durante décadas empezó a morir mucho antes. La cuestión es que nadie quiere enterrar al periodismo clásico, el de los papeles encima de la mesa, los llamados hasta la madrugada, las averiguaciones en el barro y bajo la lluvia. El ‘abc’ del periodismo que hoy es más propio de una muestra de fotografía que de una redacción 3.0.

La desaparición física de Gabo produce tristeza, sobretodo los que anhelábamos, alguna vez, poder compartir aunque sea diez minutos de charla a la salida de alguna feria literaria en Colombia, España o Perú. Pero más tristeza produce ver lo que es el periodismo hoy.

Más allá del enjevecimiento natural, Gabo escribió muy poco en los últimos 15 años, ni siquiera columnas en el diario El País el Olimpo de escritores de habla hispana, quizás como síntoma de que él veía que el buen periodismo -o periodismo a secas- comenzaba a agonizar. La Fundación Nuevo Periodismo (FNPI) que él mismo creó es una isla, acaso como el Instituto de Prensa y Sociedad (Ipys) y otra entidades que siguen levantando la bandera.

Pero la realidad, los hechos, el orden fáctico, la precisión ferroviaria de Noticia de un secuestro, en la gran mayoría de redacciones -plagadas de pantallas de colores y poco papel, si hay- demuestra que el periodismo que enseñó Gabo es la excepción de la regla. Obviamente hay medios que todavía sienten el periodismo, el informar como un servicio público (en manos privadas en su mayoría), más allá del negocio o la política. Son tan pocos…

Internet trajo muchísimas oportunidades, nuevas alternativas de producción de contenidos. Sin embargo, para la mayoría de medios de comunicación, al mismo tiempo, de forma imperceptible e inconciente, resultó ser una trampa: el espíritu indagador de Gabriel García Márquez fue asesinado, cremado y condenado al infierno por google, la pereza y la falta de amor verdadero por el oficio.

Por cada diez periodistas de un medio, hay tres que trabajan solo por el dinero (y no está mal, así funciona el sistema), otros tres que hacen solo los que les pide el jefe para evitar problemas (y solo esperan la hora para volver a casa); tres que actúan de García Márquez pero en realidad odian el periodismo y apenas uno es capaz de quedarse hasta las 2 de la mañana para confirmar un dato caliente con mujer e hijos esperándolo en casa. 

Cuando me enteré de la muerte de Gabo a través de mi teléfono celular (la tecnología no es el problema, sino nosotros, cómo las usemos) lo primero que me pregunté es si el periodismo gabrielmarquista no había muerto también. Sino antes que él.

Nunca conocí personalmente a Gabo. No tengo ninguna anécdota con él para contar. No puedo engrandecer mi ego. De lo que leí de él interpretó que nos está diciendo: “No se queden conmigo”, con la persona, la figura, sino con su obra, sus enseñanzas. En qué nos pueden enriquecer todo lo que hizo -seamos o no periodistas o amantes de novelas, eso qué más da- y no andar divagando en humo, comparándolo con Mario Vargas Llosa; si fue o no fue el escritor más grande en letra castellana.

Una vez, una periodista le preguntó a Gabo si se consideraba el más grande novelista y periodista de la historia, y cómo convivía con ello. El mandó al carajo a la entrevistadora. Así de directo. Si no le interesaba a él ese atril, ¿por qué debería interesarle al resto?

Ahora vemos portales y diarios plagados de artículos de Gabriel García Márquez, su vida y su muerte. Una orgía mediática. Los mismos cables de noticias de la agencia EFE y Agence France Press están replicados 375 veces en diarios de todo el mundo. “Murió Dios”, o algo así, dicen. Dudo que él hubiera querido que lo despidieran, justamente la prensa, de esa forma. Ni hablar de twitter. ¿Usaba twitter Gabriel García Márquez?

Gabo está lleno de luces y, como todo ser humano, no puede escapar de las sombras. Así funciona para todos. La anécdota de que él rechazó en un primer momento el Nobel de Literatura fue omitido a conciencia o por la inconciencia de los editores. Ese acto de coraje y de rebeldía ante el establishment fue de la crítica al elogio según la época y según la visión. Es un dato clave de la vida de Gabriel García Márquez. Lo mismo con la trompada a Vargas Llosa. Y lo mismo que su larga e intensa amistad con Fidel Castro. Gabo fue todo eso, lo bueno y lo malo. Se dice ser humano. Porque Dios no muere.

Por todo ello resulta paradójico que medios a los que solo les interesa generar lo que se dice impacto -sin importar la “verdad noticiosa”, lo verificable, o el respeto por valores humanos- le brinden semejante espacio al personaje de Gabo, quien justamente enseñó todo lo contrario: el periodismo no es éso, es otra cosa. Es generar contenidos propios (no levantar o copiar de otros diarios), es tener una agenda propia. Es que la ignorancia no tiene límites. De eso también escribió, en cantidades industriales, Gabriel García Márquez. Pero parece que no le entendimos bien.

Le pido disculpas, gran maestro. Ojalá sepa perdonarnos.

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2 pensamientos en “Crónica de una muerte anunciada: la del periodismo

  1. Beatriz García dice:

    Atinado escrito y homenaje.
    Una cosita: es “sobre todo”, no “sobretodo”. Disculpa, no me aguanté.

    • Diego Gueler dice:

      Beatriz, gracias por el detalle. Sobretodo o sobre todo depende más bien del uso del español en tal o cual país e, incluso, del manual de estilo o de uso de cada medio.

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